Llega un momento en nuestra historia en que ni el apoyo de los demás ni el nuestro propio existe. Y si existe, realmente no sirve de ayuda. Todos tenemos días buenos, malos, blancos, negros, grises, fosforitos, y fríos. Pero hay uno, normalmente cada varios años. Uno que nos recuerda quienes somos de verdad.
En ese momento, te paras, y no sabes que hacer.
Quizás lo único que necesitamos aveces es un poco de paz, ¿no?
Juguemos un solitario en nuestras vidas y dejemos la hierba mojada atrás.