jueves, 27 de junio de 2013

Él, yo, bueno, no sé, nosotros.

A mí, es que él, me encanta. Quizás es por su manera de sonreírme, esa sonrisa que parece no borrarse nunca de su rostro. Quizás por cómo me mira, a los ojos, cada vez que habla conmigo, intimidándome hasta el punto de hacerme apartar la vista de él. Quizás por la suavidad con la que alguien tan fuerte puede llegar a tocar mi mejilla.

No sé que es lo que me gusta de él, o que es lo que él vio en mí. Sólo sé que antes tenía dudas, muchas dudas, desordenadas y descabelladas dudas, y ahora parece que me encuentro en un mar de calma, no sé si de calma permanente o de esa “calma antes de la tempestad”.

Por eso quiero dejar aquí escrita esta entrada; porque si se aproxima un huracán, que, por favor, se lo lleve todo, pero no se lleve nuestro amor. Que puede que no seamos nada, pero que él está conmigo y yo con él, no somos novios, pero, bueno, es algo que sólo él y yo entendemos y que tú no conseguirás entender.

El caso es que volviendo a lo importante, no sé cuánto va a durar el amor, si una semana, dos, un mes, diez, un año, veinte. Sólo sé que mientras dure lo dejaré durar, y no voy a adelantar ni a atrasar nada de lo que tenga que pasar, porque no hay prisa, la vida es más larga de lo que parece cuando pensamos en ella.

Y, si tú tienes alguna de esas “dudas existenciales”, tranquila, mira al techo, y siente cómo esa sensación de nervios desaparece de tu estómago y de tu garganta, lee twitter, lee blogs, lee libros, la cosa está en que leas y dejes leer, porque créeme que ésa es la única manera que tiene la humanidad de aumentar su saber, y cuanto más sepas menos nervios te van a causar las situaciones, ya que estarás más preparada.

Espero haberme explicado bien sin demasiados embrollos, pero es que cuando pienso en él y en esa sonrisa que me mata…  


Att: Una Enamorada Más

Tú crees que los conoces, pero no es así.


Siempre he creído firmemente que no hay despedidas eternas. Porque, aunque le digas adiós a una persona, tarde o temprano la vuelves a encontrar, quizás por la calle, en la cafetería, en un centro comercial, cuando te vas de vacaciones…

Y si no ocurre nada de eso, algún día vuelves a verla reflejada en los ojos de otra persona, y aunque el hombre sea distinto el sentimiento es el mismo, lo que hace que recuerdes con nostalgia y a veces con arrepentimiento todos esos momentos que rozando la perfección desaparecieron en unos instantes.

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Tuve yo hace tiempo a una profesora de la que todos decían que estaba loca. Yo opinaba lo mismo hasta que la conocí. Era una pobre mujer, que ya superaba los cincuenta años, que quizás no explicaba mucho de su materia y nos contaba demasiadas cosas de su vida, pero, aún así, nos daba grandes lecciones que yo nunca desaprovecharé.

Un día entramos en clase y como de costumbre nos fuimos sentando en nuestros correspondientes sitios. Ella tardó un poco en llegar, como hacía habitualmente, y se disculpó con nosotros, contándonos que una mujer la había entretenido en un bar.

Un amigo mío del que ya no recuerdo nombre, probablemente harto de que diese tantos datos de su vida personal, le dijo: “¿Y qué nos importa a nosotros esa señora?”.

La profesora le miró con un brillo de tristeza en la mirada, y le contestó: “Querido Alumno, esa señora que a ustedes no les importa, es la actual pareja de un antiguo novio mío con el cual perdí el contacto hace mucho, mucho tiempo. Este chico, cuando éramos jóvenes, me llevaba de la mano todos los días al parque, y me contaba historias que jamás olvidaré, y es que fue mi primer amor. Pero lo realmente importante de esto, es que creí que estaba muerto, hasta el día de hoy”.


Y es que, antes de criticar a alguien, recuerda: tú crees que los conoces, pero no es así.