domingo, 26 de mayo de 2013

Él, yo, no(sotros).: ~# Ella siempre le quiso.


Ella siempre le había querido, en silencio. Había admirado cada gesto, cada palabra que salía de su boca. Él apenas sabía que ella existía; sí, desde luego que le sonaba de oídas, pero eran tantas las chicas con las que hablaba todos los días que, ¿cómo iba a conocerla precisamente a ella? Lo curioso de la historia es que a pesar de que ella era consciente de todo ello, no quería dejar de creer en él, no quería dejar de quererle.

Eran muchas las chicas que "estaban por él". Las quince chicas más guapas de todo el instituto le habían pedido salir. El las había rechazado a todas. Sí, era prepotente, tal vez se lo tenía muy creído. Pero a pesar de haber intercambiado sólo un par de saludos con él, ella se había dado cuenta de cosas sobre él que las otras ni siquiera podían entender. El no era mala persona. Tenía un corazón frágil, y tenía tantas cosas en común con ella...

La depresión le llegó a ella al enterarse de que él había sufrido un accidente cuando iba en coche con sus padres, y había muerto. Se entristeció un poco más al ver que, aunque todas esas chicas que afirmaban amarle habían ido al entierro, muy pocas habían llorado por él. Y la más absoluta e irremediable de las iras llegó cuando vió que ninguna se acercaba ya a su tumba.

Y ella le llevó flores todos los días, primero rosas, luego margaritas, luego claveles, luego laureles, luego girasoles, luego hiedras. Ella, a pesar de no ser religiosa, se pasaba horas cada día frente a su tumba, llorando y escribiendo en un viejo cuaderno de cuero.

Todas decían quererle, pero sólo ella lloró su muerte.

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